LA ACTIVIDAD
Acepta el reto, pincha en el video y haz la actividad interactiva respondiendo a las preguntas de nivel avanzado de español, C1-C2, y con corrección automática. Más abajo tienes las respuestas y justificativas en un archivo descargable.
EL ARTISTA
Sigue aceptando el reto, y ahora lee el texto sobre el artista y haz la actividad interactiva respondiendo a las preguntas de nivel avanzado de español, C1-C2, y con corrección automática. Más abajo tienes las respuestas y justificativas en un archivo descargable.
Joaquín Sabina, nacido en Úbeda (Jaén) en 1949, comenzó a escribir poemas y tocar canciones desde los catorce años. En 1968, abandonó la Universidad de Granada y se exilió en Londres, donde organizaba sesiones de cine con películas prohibidas por el franquismo y participaba en montajes teatrales de izquierda, especialmente obras de Bertolt Brecht. En esa etapa, también maduró como artista tocando canciones tradicionales españolas y latinoamericanas en bares y restaurantes cercanos a Portobello Road, un enclave hispano en Londres.
Tras la muerte de Franco en 1977, Sabina regresó a España, se casó con la argentina Lucía y lanzó su primer disco, Inventario. Posteriormente, se alejó del estereotipo de compositor comprometido y adoptó un estilo más roquero y contemporáneo, logrando éxito con discos como Malas Compañías y Ruleta Rusa. Se consolidó como una figura clave en la música española y latinoamericana gracias a su capacidad para mezclar poesía y música.
Su canción “El último vals” es una obra de despedida de los escenarios que reflexiona sobre el paso del tiempo, la decadencia y la muerte. Con un tono melancólico y nostálgico, la letra incluye metáforas como “cinturón negro en pesimismo” y “prefiero ser Don Nadie a ser Don Juan”, que expresan su lucha interna con la identidad, prefiriendo la humildad al éxito superficial. La canción subraya la importancia de las relaciones significativas frente a lo efímero.
El videoclip, dirigido por Fernando León de Aranoa, muestra a Sabina en un pub decadente, acompañado poco a poco por amigos y figuras clave de su vida como Leiva, Joan Manuel Serrat, Ricardo Darín, Andrés Calamaro y sus hijas Carmela y Rocío. El momento más emotivo llega cuando brinda en la distancia con el fallecido Javier Krahe, su compañero en La Mandrágora. Según León de Aranoa, el videoclip, concebido como un funeral adelantado, captura el espíritu de despedida y confesión de la canción.